Mucho gusto
Vino y religión (III)

Vino y religión (III)

Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, pone fin a la trilogía sobre la relación entre el vino y las principales religiones monoteístas y lo hace hablando de la que, en teoría, puede parecer más peligauda: la que mantiene con la musulmana. O mahometana, que de las dos formas se la puede llamar.

¿Por qué peliaguda? Porque el Corán, el libro sagrado de quienes la profesan, desaconseja en más de un pasaje el consumo de alcohol entre sus fieles. “El demonio busca introducir entre vosotros los gérmenes de la discordia creando enemistad y rencor a través del vino y el juego de azar”, afirma, por poner sólo un ejemplo.

Sin embargo, como en casi todo, hay diferentes corrientes que discrepan sobre esta cuestión. Por un lado están los que sostienen que el libro sagrado no prohíbe beber, sino que simplemente lo desaconseja. Un razonamiento un tanto endeble, por cuanto una recomendación, si proviene de una voz tan autorizada (la que más, en este caso) debe ser interpretada como un mandato por el fiel.

Más sutil es esta otra disquisición: el Corán, según otros intérpretes, no le hace reproches al que bebe sino al que se embriaga, que es una cosa distinta. De acuerdo con eso, un musulmán podría perfectamente tomarse una copa de vino durante el almuerzo sin miedo a estar quebrantando ninguna disposición sagrada. Pero, al igual que en el caso anterior, parece que los cimientos de esa objeción son poco sólidos. Vuelvan a leer el pasaje del segundo párrafo y quizás nos den la razón. Más bien parece que quienes así piensan están agarrándose a un clavo ardiendo, a ver si por lo menos le dejan consumir un vasito.

En lo que sí coinciden varios estudiosos es en que la religión mahometana no prohibió o desaconsejó el consumo del vino de golpe y porrazo, sino que lo hizo de forma progresiva. En el siglo XII, época clásica del Islam, se recomendó no elegir como zalmedina (lo que ahora podría ser juez) a “una persona aficionada a la borrachera, para que no cometa actos contra la moral”. Por el mismo motivo, eso también se aplicó a los abogados.

El Corán también introdujo alusiones paulatinamente. Primero, desaprobando que nadie realizara el salat, o rito de la oración, en estado de ebriedad. Después, dejando caer que el alcohol causaba más perjuicios que beneficios. Y más adelante afirmando ya directamente que el jamr, palabra con la que se definía tanto al vino como a los licores en general, era “parte de la labor de Satán”.

Pese a todo lo anterior, el vino ha tenido sus apologistas dentro del mundo musulmán, el más conocido de los cuales es muy probablemente el gran Omar Khayam, que en sus famosas Rubaiyat le dedica frases preciosas. El vino, en cierto modo, podría considerarse el hilo conductor de sus profundas y acertadas reflexiones sobre la existencia, la vida y la muerte.

A todo esto, hay que indicar que, en el periodo preislámico, los árabes eran unos apasionados del vino. Mencionar también, no precisamente de pasada, que la palabra alcohol es arábica. Procede de al kohl, que vendría a traducirse como azúcares fermentados, frutas y gramos que se mezclan. Y recordar que, antes y ahora, varios países que profesan la religión mahometana han sido y siguen siendo productores de vino. Aunque lo que sale de sus bodegas no es para consumo interno (excepción hecha de los turistas extranjeros que los visitan) sino para exportar.

En Argelia, por ejemplo, hay pruebas que demuestran que se cultiva desde los tiempos de los persas y los egipcios. Tiene toda la lógica del mundo: al fin y al cabo es un país mediterráneo, con características muy similares a las de algunas zonas de España, Italia o Croacia. 

En Marruecos o Turquía también se hacen vinos que, a decir de los expertos, están bastante buenos. Este bloguero no los ha probado, aunque sí ha visto botellas expuestas en una pequeña pero curiosa colección que hay tras el mostrador de uno de los más conocidos bares de Algeciras, Casa Castro.

Sí podemos hablar con más propiedad de un vino de Líbano que sirven en un muy recomendable restaurante de la localidad gaditana de Vejer de la Frontera, el Jardín del Califa. Es, desde luego, peculiar. Tiene personalidad y no recuerda a ningún otro. Dice la leyenda que los viñedos están en una zona que más de una vez y más de dos ha sido visitada por las guerras, y que por eso el vino tiene un cierto aroma… a pólvora. Tal vez sugestionado por esa posibilidad, lo cierto es que sí que lo detecté. Aunque a lo mejor, de no haberlo sabido, ni siquiera habría reparado en ello.

 Fotografía: de la web www.teinteresa.es

 

 

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>