Mucho gusto
Un debate sin cerrar
Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, sopesa los pros y contras de las variadas formas que hay de cerrar los vinos: con corcho tradicional, sintético, tapón de rosca, lata o brik

Un debate sin cerrar

Permiten a este gestor del Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, narrar una experiencia personal, ¿verdad? Pues muy recientemente he estado en Bélgica y Holanda, dos países que importan prácticamente todo el vino que consumen, que es mucho, y que se nutren de muchísimos sitios. En concreto, allí probé tintos y blancos de Francia, Australia, Sudáfrica y España.

Hasta aquí, todo normal. En las cartas de los restaurantes también los había de Chile, Argentina, Italia, Nueva Zelanda… Lo que me llamó la atención fue que ninguno de los vinos que probé estaba tapado con un corcho, algo que en nuestro país es moneda común. Allí, por lo menos por lo que pude comprobar de forma empírica, se decantan por el tapón de rosca.

De regreso, tocaba documentarse. Jesús González, sumiller, co-propietario del bar La Botillería, uno de los responsables de la taberna La Tana, gran amigo de esta casa y, desde luego, fuente muy bien informada en todo lo relacionado con el vino, dice que, por lo que él tiene entendido, en muchos países no gusta el corcho porque, cuando da problemas (por humedad o por algo tan simple como que se rompa y/o se quede dentro de la botella), las protestas son tan numerosas que a los vendedores no les compensa.

Manuel Penela, enólogo de las Bodegas del Marqués de Casa-Pardiñas, comparte ese criterio y añade que la elección de otras formas de tapar la botella puede buscar también algo más simple: ahorrar gastos.

El tapón de rosca es más barato que el corcho, como también lo es el llamado corcho sintético, fabricado con un material plástico derivado del vinilo y que ya se ve en no pocas marcas de vino blanco español. Cuesta la quinta parte, es mucho más difícil de romper y no aporta los aromas extraños que sí puede darle al vino un corcho mal secado.

No es la única alternativa. En Australia llevan una década utilizando, con éxito, unos tapones de cristal. «Son herméticos y muy asépticos», asegura Manuel Penela, que aclara que, aunque estén hechos de ese material, no son frágiles. Se trata de un cristal más grueso que la botella, que es la que verdaderamente tiene más riesgo de partirse en caso de sufrir algún golpe.

Dos posibilidades más: el envase de plástico, tipo brik, que en España se asocia inmediatamente con vinos de consumo fácil y no demasiada calidad pero que, como recipiente en sí, no conserva mal el vino y además es más fácil de transportar porque no es tan delicado. Aquí hay que hacer una precisión: no es lo mismo el brik que la botella de plástico, como las de agua. En este último envase sí es probable que el vino se impregne de algunos olores no muy apropiados.

O la lata, menos frecuente pero que tiene su público en países como Estados Unidos. Está pensada para un uso individual y lo de beber cada uno de su recipiente es algo que choca frontalmente con esa idea glamourosa de compartir una botella con amigos o con tu pareja. Pero, atendiendo sólo al contenido de este artículo, que es si resulta idónea como recipiente, tanto Penela como Antonio López de la Casa, enólogo que trabaja en las Bodegas Fontedei y que también es buen amigo nuestro, coinciden en que no tienen ninguna objeción que poner a las latas.

Distinto es el caso de otros envases individuales: las botellas pequeñas que dan en los aviones, que son de tapón de rosca y muy denostadas por los entendidos, porque durante el proceso de embotellado hay más riesgo de que les entre oxígeno.

Cierto es que, por regla general, los sistemas alternativos al corcho se están empleando para vinos de consumo rápido: blancos, rosados y tintos jóvenes o de escasa crianza. Para los demás se sigue optando por la tradición, aquí y en muchos otros países. «Los vinos de gama alta siguen utilizando corcho, pero las bodegas ya se ocupan también de que sean corchos buenos, bien secados, con garantías de que no van a dar problemas de hongos», explica Penela.

El enólogo entiende que el rechazo de muchos consumidores hacia otras fórmulas es más bien cultural y que no hay una razón objetiva para hacerle ascos a otros métodos que probablemente tiendan a utilizarse cada vez más.

Lo único que debe preocuparle a quien abra, descorche o destape una botella es la oxidación, y ese proceso se va a dar en cualquiera de los casos. El vino, una vez abierto, empieza a estropearse. Hay sistemas para retrasar su oxidación pero sólo logran eso: retardarla. Por el momento no hay ningún recipiente que mantenga al vino a salvo de su peor enemigo. Así que lo suyo, siempre que sea posible, es no dejar para mañana la botella que has abierto hoy.

Por si alguien se lo está preguntando: Spira no se plantea por ahora cambiar ni el recipiente ni el modo de sellado. Seguirá presentándose en botella, tapada con corcho y encapsulada. Sin estar en contra de otros modelos, el nuestro nos parece el más válido.

Fotografía: de la web www.puntovino.es

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6 pensamientos sobre “Un debate sin cerrar

  1. Toni

    Entiendo que hay soluciones si no mejores equiparables al corcho de calidad. Desde luego la rosca se utiliza para la mayor parte de las bebidas alcohólicas de alta graduación a las que a lo mejor la oxidación no les afecta tanto o llevan incorporadas soluciones complementarias para evitar esa posibilidad.

    En su día el corcho supongo que era lo óptima, tal vez la única y más asequible manera para sellar la botella. Pero ahora, si el corcho es caro, me parece que es como un sello de distinción, ¿me equivoco? Yo he visto corchos de esos sintéticos y es verdad que dan el pego y me parecen más higiénicos. Los tapones de cristal me han dejado flipado. Me parece una solución elegante. Coleccionaría esos tapones de cristal, te lo aseguro. :-) Soy un friki.

    Como siempre, interesantísimo.

    1. Spira Autor del artículo

      Y como siempre, intersantísimas sus reflexiones. Vayamos por partes:

      No se puede comparar el riesgo de oxidación de un fermentado con el de un destilado. De hecho, es muy infrecuente ver una botella de whisky, ron o ginebra tapadas con un corcho.
      En cuanto a qué alternativa triunfará, yo creo que vamos a ir progresivamente a vinos más jóvenes, de consumo más fácil y más económicos, a los que les viene bien un corcho sintético o el tapón de rosca. Quizás los más puristas tarden en acostumbrarse aquí, pero terminarán haciéndolo. El corcho de madera quedará, como apunta, como sello de distinción. Pero también porque ni el sintético ni el tapón de rosca pueden conservar tanto tiempo y tan bien lo que hay dentro. El riesgo es que el corcho de madera se humedezca, pero eso, con cuidado y con mimo, puede evitarse casi por completo. Siempre habrá algún caso, pero serán aislados.
      Y sobre los tapones de cristal y su frikismo, estoy seguro de que en España podrá encontrar alguna botella tapada de esa manera. Y también de que su pericia en el rastreo por internet le hará encontrarla con rapidez.
      Muchas gracias una vez más.

      1. Toni

        Claro, destilados y fermentados… No he caído en esto. Será que soy casi abstemio. Casi, ¿eh?

        Tenemos en casa dos botellas, una de ron y otra de whisky, que casualmente sí tienen tapón de corcho. Pero eran botellas de las buenas, y por eso las guardamos. Las tienen, por lo tanto, por distinción, porque por lo que me dice no sería necesario.

        «(…) ni el sintético ni el tapón de rosca pueden conservar tanto tiempo y tan bien lo que hay dentro.» Entonces sigue siendo la mejor opción en el caso de los vinos de calidad. Con los tiempos que corren, ¿no hay ningún material sintético que tenga las propiedades del corcho? Y con lo del riesgo de que se humedezca el corcho, ¿eso tiene que ver con tener las botellas tumbadas? Imagino que será otra cosa porque he leído en una página lo siguiente: «Se recomienda guardar las botellas tumbadas, con la etiqueta hacia arriba: de esta forma los corchos se mantienen húmedos con el contacto del vino. Si un corcho se seca se encogerá y dejará pasar aire y bacterias que pueden estropear el vino.» ¿Es el corcho malo, por tanto, el que tiene riesgo de picarse o es la mala colocación de las botellas lo que ocasiona esto?

        Es que a veces me pongo con las cosas de un intenso importante. A lo mejor me puede responder en una nueva entrada especialmente dedicada. :-) Aunque creo que serían preguntas para responder tomando un buen vaso de Spira y unas tapas.

        Por cierto, bien que me conoce, porque he estado buscando los tapones de cristal y he encontrado algunos muy chulos.

        1. Spira Autor del artículo

          No creo que haya ningún corcho sintético con las mismas propiedades que el de madera, al menos por ahora. De hecho, me da la impresión de que, al cabo de un tiempo, transmitirán ciertos olores plásticos que terminarán arruinando el vino. Pero no es nada que haya contrastado con especialistas, sólo una opinión.
          En cuanto a lo de que el corcho se humedezca, no depende tanto de la posición de la botella (hay algunos expertos que dicen que mejor mantenerla tumbada, otros que sostienen que lo suyo es que esté de pie…) sino de que el corcho sea bueno, esté bien secado y no tenga porosidad, no permita que se filtre el oxígeno del exterior. La botella, por lo demás, se puede estropear esté de pie o tumbada si se descuidan otros detalles, como que esté en un lugar a temperatura más o menos constante, que no sea muy húmedo…

  2. Encarni

    A mí el corcho sintético no me molesta, pero el recipiente… por favor, de vidrio. ¿Vino en lata? Si hasta la cerveza sabe distinta del botellín a la lata, no me quiero imaginar el vino.

    Los tapones de vidrio son muy bonitos, desde luego, pero si se busca una alternativa económica al corcho, no sé yo si ésta sería la mejor opción.

    1. Spira Autor del artículo

      Pues yo tengo curiosidad con lo de la lata. Y ayer precisamente vi (y toqué) un tapón de vidrio. Cierra la botella de forma hermética, es muy útil. Pero coincido en que no creo que sea más barato, desde luego.

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