Mucho gusto
Spira llega a la Axarquía
Vista parcial de la ciudad desde la carretera que llega desde Torre del Mar.

Spira llega a la Axarquía

Hace dos semanas, este blog publicaba una entrada en la que anunciaba el inicio de una política de expansión, una estrategia encaminada a popularizar el Spira en lugares donde aún no es muy conocido, a abrir nuevos horizontes al vino de las Bodegas del Marqués de Casa-Pardiñas.

La primera escala ha tenido lugar esta semana en la malagueña comarca de la Axarquía, un lugar próximo y muy vinculado a Granada donde el vino de Huélago ha tenido una calurosa acogida, algo a lo que sin duda alguna ha contribuido la buena predisposición y mejor carácter de los amigos que allí hemos encontrado. Francamente, da gusto ser tan bien recibido.

El viaje comenzó en Torre del Mar, núcleo que alcanza su punto de ebullición en verano, gracias a sus varios kilómetros de costa. En esos meses puede albergar perfectamente una población de 50.000 habitantes. El turismo es, por tanto, su principal fuente de riqueza, complementada por la agricultura (es uno de los mayores centros de producción de aguacate de España) y la pesca.

Pero en invierno, como es el caso, Torre del Mar es un sitio tranquilo donde, cuando llega la hora del aperitivo o del paseo vespertino, sus moradores de siempre se mezclan con una nada desdeñable colonia de extranjeros que aprovechan su benigno clima para residir allí todo el año. Unos y otros tienen a su disposición una oferta hostelera muy interesante.

En el Paseo de Larios, su arteria principal, hay dos paradas casi obligatorias para los amantes del buen pescado: La Cueva y el Negri. A muy pocos pasos de allí se asienta el que probablemente es el restaurante con mejor carta de vinos del lugar: Las Tablas. Y a las espaldas de éste, una original taberna con sabor mediterráneo llamada Mogador.

Por lo que ofrecen y por el precio al que lo hacen, todos ellos son lugares muy recomendables, como también lo es dar un breve paseo (en Torre del Mar nada está muy lejos) y encajarse en la urbanización Pueblo Rocío para detenerse en el Jordi, un mesón multiusos donde, sin que el bolsillo se resienta casi nada, se puede desayunar, tapear, picar en plan informal o comer a mesa y mantel. Su bodega también está muy bien provista.

Otra opción muy interesante es Vinomar, una tienda especializada en vinos, estupendamente surtida, con referencias de toda España y unos precios muy ajustados. Está en la calle Piscis, casi debajo de la gran chimenea que recuerda que allí se ubicó una de las azucareras más importantes de cuantas gestionaba la familia Larios. En ese sitio, como dato curioso, debe decirse que se utilizó la primera máquina de vapor que se introdujo en España, a mediados del siglo XIX.

Aunque el decano en cuanto a venta y distribución de vinos es Bebidas y Aceites Lupiáñez, empresa familiar que funciona desde 1926 y que es garantía de profesionalidad. Merece la pena visitar su tienda, en la calle Isidoro Rivas Díaz, y mirar sin prisas sus estanterías. Hay muy buen material, procedente de la mayoría de las denominaciones de origen españolas.

Sería imperdonable marcharse sin recorrer su precioso paseo marítimo, desde el faro hasta Caleta de Vélez, donde subsiste un coqueto puerto pesquero en el que todavía se respira el olor marinero de aquellos tiempos previos al boom turístico.

Abandonando la costa, y a sólo cinco kilómetros de distancia, está Vélez-Málaga, ciudad de esplendoroso pasado, plaza fuerte de los musulmanes en los tiempos en que dominaron Andalucía, parada y fonda de reyes y nobles tras la Reconquista y lugar por donde pasaron ilustres como Miguel de Cervantes, que la nombra en su inmortal Quijote.

Bajo el manto de su espléndida fortaleza, Vélez-Málaga es hoy una ciudad pujante y animada en la que viven alrededor de 65.000 personas. Es la localidad más poblada de la comarca y su capital. Y todo eso eso está muy bien, pero se supone que estamos hablando de buen comer y mejor beber, y ahí Vélez ofrece cantidad y calidad.

En el centro se concentra la mayor parte de la oferta. Establecimientos tradicionales, como La Peña o el bar Toto, en la Plaza de las Carmelitas; de difícil clasificación, como El Legionario; o de corte algo más moderno, como el Capri.

Aunque si la intención es degustar buenos caldos, algunas de las mejores opciones son El Convento, el estupendo asador llamado La Sastrería, y El Caserío de las Monjas, especializado en carne a la parrilla y situado junto a lo que llaman la Tribuna de los pobres, término que a los muchos cofrades del lugar no habrá que explicar: es un emplazamiento ideal para ver las procesiones de la afamada Semana Santa local sin pagar por una silla.

Si con todo eso el cliente no está satisfecho, que ya es difícil, siempre puede poner rumbo a Málaga y, antes de salir del término municipal, detenerse en restaurantes como el Pepe Molina, en Almayate, o el Hostal Esperanza, en Benajarafe.

A todos estos lugares ha llegado el Spira. Y lo ha hecho con voluntad de quedarse, porque lo que ha visto le ha gustado muchísimo. Sería extraordinario que ese flechazo fuese mutuo y hay motivos para pensar que cada vez más torreños y veleños notarán que les ha visitado un vino de auténtica calidad, capaz de codearse con los mejores y con méritos más que sobrados para hacerse con un hueco en sus cartas y en sus barras. Que así sea.

Fotografía: Vista parcial de Vélez-Málaga desde la carretera que la conecta con Torre del Mar. Autor: Carlos Castro.

 

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4 pensamientos sobre “Spira llega a la Axarquía

  1. Encarni

    ¡Qué buen recorrido! Espero que pronto haya nuevas entradas viajeras en el blog, y que la aventura de Spira sea exitosa y gratificante a partes iguales. ¡Suerte!

  2. Spira Autor del artículo

    Si está en nuestra mano, el siguiente viaje será la próxima semana. Y se detallará en este blog, por supuesto. Muchas gracias por estar siempre ahí.

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