Mucho gusto
Precio: ¿dónde está el límite?

Precio: ¿dónde está el límite?

No nos lo habíamos planteado así de antemano, pero visto lo visto, en Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, hemos pensado que si hicimos una entrada hablando de vinos de la estratosfera (por lo carísimos que son) y después otra encargándonos de los coleccionistas, de esas personas más que adineradas que los tienen en sus bodegas, podría ser una buena idea cerrar esta especie de trilogía con un artículo en forma de pregunta: ¿hay un límite razonable a la hora de gastar? Y en ese caso, ¿dónde está?

Para responder, tendremos que partir necesariamente de la base de que estamos hablando de una materia subjetiva. Por extrapolar un poco: un empedernido coleccionista de sellos podría dar la vida (bueno, es un decir) por un ejemplar sumamente extraño. Mientras que a los demás seres humanos eso le parecerá un cacho de papel que sólo sirve para pegar en una carta, él verá ahí la joya entre las joyas. Cambien sellos por cualquier otra afición (por ejemplo: discos raros, no oficiales, descatalogados, en formato elepé y con vinilo de color distinto al negro) y el resultado será el mismo.

Hay otra variable, y es que para las personas normales y corrientes, gastarse cien euros en un objeto que no es fundamental para su vida es un capricho que, en el mejor de los casos, sólo podrá permitirse en circunstancias muy excepcionales. Para un multimillonario, sin embargo, reservar dos plantas de un hotel de gran lujo para hacer una fiesta con sus amigos es tan costoso como para usted o para mí homenajearnos con una cena en un restaurante de gama media.

Ahora bien: pongamos que uno es aficionado al vino y que quiere probar una de esas exquisiteces de las que tanto ha oído hablar. ¿Merece la pena que se gaste los 600, 800 o hasta 1.000 euros que llegan a costar, o es una excentricidad que se debería quitar de la cabeza cuanto antes?

Esa pregunta se la hizo este que escribe a un conocido sumiller de Granada y su respuesta fue ésta: «Tú bebes vino sobre todo por la satisfacción que eso te produce, ¿verdad?». Reconocí que así era y entonces replicó: «¿Y de verdad crees que un vino de 600 euros te va a proporcionar un grado de satisfacción que multiplique por veinte el que te genera uno de 30, teniendo en cuenta el montón de vinazos que hay por 30 euros?»

No hace falta que den una respuesta; sólo piensen en ello.

Añadamos algo que tampoco es ningún secreto: muchos vinos están sobrevalorados y alcanzan esos precios prohibitivos por razones que no sólo tienen que ver con su calidad. La tienen, eso es innegable, pero no podemos ocultar que en este mundillo hay mucho esnob, mucho nuevo rico, mucho afán de aparentar.

En la época del auge del ladrillo, de recuerdo tan reciente como doloroso, no era difícil ver en los restaurantes de postín a concejales de Urbanismo releyendo la carta de vinos para asegurarse de que le traían el más costoso. En discotecas de Ibiza o Marbella hay rusos montados en el dólar (y en el euro) gracias al petróleo y al gas que, en sus farras veraniegas, descorchan litros y litros de Moët & Chandon o de Dom Pérignon para obsequiar a amiguetes que, al cabo de tres copas, no sabrían distinguirlo de un cava vulgar de dos euros.

Porque, en relación con lo anterior, lo de si el grado de satisfacción difiere mucho entre un vino y otro, habría otra pregunta: ¿de verdad sabríamos apreciar tantos matices, podríamos decir con propiedad que un tinto de mil euros está cien veces mejor que uno de diez?

Para comprobarlo, la prueba definitiva sería una cata a ciegas. Y es curioso, pero las bodegas que lanzan al mercado vinos estratosféricos rara vez participan en ese tipo de competiciones. Lo cual tiene una explicación, claro: es complicado que obtengan una puntuación mucho mejor que los vinos, digamos, normales y corrientes. Un punto más, tal vez dos. En todo caso, es un reto en el que su prestigio no tiene nada que ganar y sí mucho que perder.

Dicho todo lo anterior, un matiz: cada cual es libre de beberse el vino que le venga en gana. Este Mucho gusto no ha intentado nunca adoctrinar y no va a empezar a hacerlo ahora. Pero sí hay algo que conviene tener en cuenta, y es que, sin salir de España, hay cientos y cientos de vinos que fluctúan, por poner una horquilla amplia, entre los 6 y los 18 euros y que están francamente buenos. No faltan guías que los agrupan, por cierto. Y son útiles.

Y aunque hasta ahora no lo hemos dicho, es obligado hacerlo aunque sea al final: el Spira está entre ese montón de vinos que son estupendos y no tienen un precio prohibitivo. Ya, ya sabemos que muchos lo han comprobado, pero insistimos por si acaso.

Fotografía: Copas preparadas para una cata a ciegas. De la web www.akatavino.es

 

Comparte:

2 pensamientos sobre “Precio: ¿dónde está el límite?

  1. Toni

    De acuerdo con todo. En este mundo de muy, muy pobres, pobres, ricos y muy, pero que muy, muy ricos, tiene que haber para todos. El aparentar hace mucho y el hecho de que alguien pueda beber (comer, estar, comprar, lo que sea) algo que sabe que casi nadie puede hacerlo, supongo brinda algún tipo de desencadenante químico en el cerebro que yo no llego a alcanzar más que comiéndome un bizcocho relleno de nata y recubierto de chocolate. Es una cuestión de estatus. Una vez lo hablé con un amigo: si alguien lleva un reloj caro es porque quiere ostentar determinada posición, porque es un reloj y da la hora igual que un Casio de los más baratos. Y en estos niveles de ricachones supongo que eso se acentúa. Es un poco triste que llevemos el asunto a un tema psicológico, pero creo que detrás no hay mucho más, además del negocio de quienes juegan con la necesidad de los ricos de superar sus complejos. Lo del precio, además, siempre he pensado que tiene que ver con la cantidad más que con la calidad. Si se recolectaran cien ajos al año en España, se venderían por un pastizal. Y seguirían siendo ajos. Esto se lo escuche al Arguiñano. Lo mismo con el vino, me parece. Muy buen artículo, como siempre. Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>