Mucho gusto
No es caldo, es vino

No es caldo, es vino

Ante todo, Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, quiere dar las gracias de todo corazón a Encarni Mármol, amiga y fiel seguidora de esta publicación. El artículo que nos hizo llegar es tan interesante y tan certero que consideramos que hay que reproducirlo. No en su integridad, porque es demasiado largo, pero casi. Lo firma Cristino Álvarez, más conocido como Caius Apicius, crítico gastronómico de la agencia de noticias Efe, y lo ha editado la Fundación del Español Urgente del BBVA. Ahí va:

“Cuando un gallego dice caldo, sin más, se refiere a lo que el resto de los mortales llama caldo gallego. Si pensase en un caldo de pollo, o de pescado, o de carne, lo especificaría. Caldo, a secas, es caldo gallego. De grelos, de nabizas, de berza, de repollo… Mejor, ahora, de grelos. Con patatas y alubias (en Galicia, fabas). Y con unto y lo que caiga: un trozo de lacón, algo de morcillo de ternera, un poco de costilla de cerdo, tocino, algún chorizo… Del caldo básico al caldo de crego (de cura) que decía Cunqueiro hay un sinfín de posibilidades.

Caldo. El Diccionario nos informa de que la palabra procede del latín caldus, caliente. De hecho, en italiano, la palabra significa caliente, mientras que nuestro caldo, para ellos, es brodo, que, como el inglés broth y, por otra vía, el francés bouillon, deriva de palabras con el significado de hervir.

Sigamos con el Diccionario. Añade que un caldo es el líquido que resulta de cocer o aderezar algunos alimentos. Bien. Hasta ahí, de acuerdo. El problema es la siguiente acepción: jugo vegetal, especialmente el vino, extraído de los frutos y destinado a la alimentación.

Visto así, podríamos llamar caldo hasta al zumo de naranja del desayuno. Pero el problema es llamar caldo al vino. Será académico, pero a la mayoría de las gentes relacionadas con el vino por profesión o afición nos chirría.

De acuerdo, durante mucho tiempo el vino fue, más que otra cosa, una barata fuente de calorías. Es también correcta la tradición de tomar vino caliente, incluso hacer sopas de pan y vino. Pero la acepción se ha quedado antigua.

En periodismo hay un montón de normas no escritas bastante ridículas. Por ejemplo, esa tontería de “un total de 120 personas…” para no empezar un párrafo con un número. Vaya problema: escríbase un numeral: “Ciento veinte personas”. O la de: “Fulanito, de treinta años de edad…” Pues claro que de edad, de qué va a ser… Bueno, pues entre esas normas está la que inspira horror a la reiteración.

Así que queda feo, dicen, repetir la palabra vino varias veces en el mismo párrafo. Qué quieren que les diga: a mí no me parece feo, y hay más formas de evitar una excesiva reiteración que insultando al vino, que es lo que hacemos, en realidad, cuando le llamamos caldo.

Pero hay algo que va más lejos: “degustar un buen caldo”. Nuevamente nos encontramos con una expresión académicamente correcta, pero, en este caso, más cursi que tocar a rancho con violín.

El vino se bebe, o se cata, o se disfruta. Vale, a veces se degusta. Pero es que ahora siempre se degusta. Es como el agua: antes, la gente bebía agua; ahora, se hidrata. Ganas de ser cursis (o políticamente correctos: es igual).

El refranero español pide claridad en la expresión: “al pan, pan, y al vino, vino”. Pues eso. Llamemos al vino por su nombre y dejémonos de eufemismos, mientras podamos. Yo propondría a todos los enófilos que se negaran a compartir una botella de vino con alguien que se refiera a su contenido como caldo… salvo que sea italiano y a lo que se refiera sea a que el vino está caliente. En cuanto al que propone, y encima por escrito, degustar un buen caldo, se merece que lo pongan a pan y agua una buena temporada”.

Hasta ahí, el fantástico artículo. Tan completo que poco podemos añadir salvo, si acaso, entonar un mea culpa. Más de una vez hemos utilizado en este blog caldo como sinónimo de vino, precisamente por esa costumbre tan extendida de los periodistas de no emplear una misma palabra muchas veces. Esa que lleva a escribir en un mismo artículo que un señor está acusado, encausado, imputado, procesado y enjuiciado como si fueran la misma cosa.

Pues eso se ha acabado: vaya desde aquí nuestro firme compromiso de no volver a utilizar la palabra caldo salvo cuando sea necesario, que será pocas veces. Si hay que poner vino en siete ocasiones en un mismo párrafo, se pone y santas pascuas.

Para terminar, y aunque sólo sea en un párrafo, nos permitimos mencionar otra incorrección, más sentimental que semántica pero también bastante extendida: decir que en tales bodegas se fabrica vino. Duele. El vino se hace, se elabora. Decir eso remite a un proceso artesanal y cuidadoso. Fabricar, en cambio, recuerda a las cadenas de producción, a la maquinaria sin corazón. También prometemos desterrar ese término para siempre.

Fotografía: de la web www.noticiasdealava.com

 

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2 pensamientos sobre “No es caldo, es vino

  1. Encarni

    Un placer, aquí andamos para lo que se tercie. Y si es un brindis con un buen vino, mejor que mejor.

    Por cierto, que yo también -como todos los juntaletras- caigo en ese miedo a la repetición que a veces nos hace ser más cursis de lo que es socialmente aceptable.

    1. Spira Autor del artículo

      Pues es bueno que alguien, como el autor del artículo que sirve de base a esta entrada, nos lo recuerde para que tomemos nota. Gracias otra vez.

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