Mucho gusto
Leyendas de cepas viejas

Leyendas de cepas viejas

Un viticultor se encuentra con otro que está trabajando en su tierra. “¿Qué estás haciendo?”, le pregunta. Y el amigo responde, sin darle mayor importancia: “Aquí, plantando cepas viejas”.

Es un chiste, pero tiene una base de verdad. Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, pretende ser un medio de comunicación abierto al mundo del vino en general, que es amplísimo, y por eso esta semana quiere detenerse en la cuestión de las cepas viejas. Porque entre los entendidos (reales y supuestos) del sector, parece que de un tiempo a esta parte se le ha dado más importancia de la cuenta. Lo viejo, creen algunos, es sinónimo de calidad. Según lo ven, lo antiguo viste mucho, da caché, y por eso lo ensalzan. Pero, como suele suceder, todo se puede matizar.

De entrada, hay que saber a qué llamamos cepas viejas. En España es muy improbable (por no decir imposible) que las haya anteriores a 1878, fecha en la que se detectaron las primeras plagas de la filoxera, ese insecto que hizo un daño irreparable en las cosechas de casi toda Europa. A raíz de eso hubo que replantar todos los viñedos utilizando portainjertos de vid americana, resistente al invasor.

No obstante, hay quienes aseguran que sus viñedos, por una u otra razón (se apunta a que en algunos casos fue por las características especialmente arenosas del suelo), sobrevivieron al bichito en cuestión. En el Bierzo, por ejemplo, se habla de cepas prefiloxéricas que siguen produciendo. Y algo parecido dicen que ocurre en Valladolid, donde supuestamente hay vinos blancos de la Denominación de Origen Rueda que nacen de plantas con más de 150 años de antigüedad.

Con independencia de que esas cosas sean ciertas o leyendas, lo que hay que preguntarse es qué beneficios aporta al vino que proceda de una cepa vieja. Según coinciden varios especialistas, el principal es que la raíz ha tenido más tiempo para adentrarse en la tierra y encontrar en el subsuelo sustancias nutrientes y, eventualmente, agua. Según se recoge en la web especializada Mi Vino, la uva de cepas viejas suele ser rica en azúcares y otros elementos, lo cual podrá influir en la calidad de la uva y en consecuencia, posteriormente, también en los aromas y sabores del vino.

No obstante, otra escuela de pensamiento, por así decirlo, asegura que las cepas viejas, en sí mismas, no hacen al vino ni mejor ni peor. Lo importante, según resaltan los que tal cosa sostienen, no es tanto los años que tengan como lo cuidadas que estén. Y aunque está feo que nos pongamos como ejemplo, ahí tienen algo que decir las Bodegas del Marqués de Casa-Pardiñas.

Como se sabe, la nuestra es una bodega joven. Las primeras cepas se plantaron en el año 2000 en una zona geográfica donde no existían otros viñedos. Los había relativamente cerca, en Darro y otros puntos de la comarca de Guadix, pero no en Huélago. San Torcuato, la finca donde nace el Spira, se dedicaba hasta entonces al olivo y al cereal. Hacer un viñedo fue un auténtico experimento. Se contaba con que, por las condiciones del terreno, la cosa pudiera funcionar, pero no había ninguna seguridad.

Quince años y once vendimias después, vemos que hubo éxito. Pero es algo que no atribuimos tanto a la suerte (aunque también influye, que al fin y al cabo estamos hablando de agricultura) como al trabajo. En las Bodegas del Marqués de Casa-Pardiñas se hacen las cosas con profesionalidad y con mimo, y desde luego eso incluye el cuidado de las cepas. “Tienen un grosor que cualquiera diría que en vez de 15 años tienen 45″, subraya su propietario, Fernando López Justicia.

No podemos ni queremos fardar de cepas viejas. Que lo hagan otros si quieren. Tanto los que realmente las tengan como los que estén contando mentirijillas. No es nuestra intención entrar en lo que hagan los demás sino centrarnos en lo nuestro. Y lo nuestro es que la finca San Torcuato está ahora mismo que da gloria verla. La primera floración ya se ha producido (después de dos podas, algo que pocos viñedos realizan, que cuesta dinero y trabajo, pero que entendemos que debe hacerse porque el vino lo merece), las últimas lluvias han mojado el suelo y ahora es cuestión de que la naturaleza, combinada con el esfuerzo humano, haga su trabajo. Su milagroso trabajo de todos los años.

 

 

 

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