Mucho gusto
La hora del vermú
Fotografía: de la web garbancita.blogspot.com

La hora del vermú

En Mucho gusto, blog de Spira y Marqués de Casa-Pardiñas, vinos de calidad de Granada, vamos a hablar esta semana de una costumbre que en España estuvo en su momento muy extendida, que durante un periodo perdió adeptos y que ahora renace con fuerza: la de tomarse un vermú. Que se puede escribir así, con la tilde en la u, o si lo prefieren terminado en t, vermut. Bebida que el diccionario de la Real Academia Española define así: “Licor aperitivo compuesto de vino blanco, ajenjo y otras sustancias amargas y tónicas”. Tiene una segunda acepción, que mencionamos aunque no haga al caso: “Función de cine o teatro por la tarde, celebrada con horario anterior al de las sesiones acostumbradas”.

Por empezar por alguna parte: el diccionario no dice toda la verdad, porque también existe el vermú rojo. Acierta en todo lo demás. Vermut es una palabra alemana que significa ajenjo o absenta. Se trata de una planta, la Artemisia Absinthium, originaria de regiones templadas de Europa, Asia y el norte de África. Conocida desde los tiempos de los egipcios, la usaron después los griegos, sobre todo con fines medicinales. De hecho, tantas cosas curaba que dieron en llamarla “la madre de todas las hierbas”. Pronto se vio que también servía para elaborar dos bebidas alcohólicas, el vermut y la absenta.

Nos olvidaremos de la segunda, no porque en su momento estuviera prohibida (provocaba alucinaciones, según decían) y nos centraremos en la primera, porque es la que contiene vino. Cuentan que fue inventada nada menos que por Hipócrates, al que un buen día (estamos hablando del siglo IV antes de Cristo) le dio por dejar macerar vino en flores de ajenjo y hojas de díctamo. Debe haber algo de cierto en esa leyenda porque en la Edad Media seguían llamando a ese líquido “vino hipocrático”.

Pero quienes popularizaron el vermú y le dieron fama internacional fueron, a partir del siglo XIX, los italianos. Tanta, que no son pocos los que creen que la bebida la inventaron ellos. La publicidad, una vez más, tiene buena parte de culpa.

Lo que se conoce ahora como vermú (aunque sea liarse un poco: también se puede escribir vermouth), no es lo mismo que lo que se hacía entonces. Ahora puede llevar cuarenta extractos de hierbas, raíces, flores, especias y frutas, que se mezclan con alcohol en un recipiente llamado tamburo. Ahí da dos vueltas al día durante dos semanas. Tras este proceso se añade el vino y el azúcar y se deja reposar. ¿Qué puede incluir? Pues un montón de cosas: canela, limón, raíz de lirio, clavo, frambuesa… Hay fórmulas para todos los gustos.

Otra leyenda asegura que si Italia exporta vermú al resto del mundo es, en parte, gracias a las uvas de Granada. Como se sabe, en algunos puntos de la provincia, sobre todo en la baja Alpujarra y en la Contraviesa, se ha producido durante años y años vino que luego se ha vendido a granel. Ese vino, a veces de calidad cuestionable (cada vez mejor, por suerte), lo habrían comprado distribuidores del país trasalpino y, después de mezclarlo con todas las especias conocidas por el hombre (es una manera de hablar) nos lo habrían vuelto a colocar, pero bastante más caro. Esa teoría no parece ser muy sólida, teniendo en cuenta que Italia es uno de los mayores productores del mundo y que por tanto no necesita comprar uvas.

En España, la costumbre de beber vermú se fue popularizando progresivamente desde finales del siglo XIX y tanto vuelo tomó que, ya en el XX, lo de tomar un vermú era un sinónimo de tomar un aperitivo. Es como ahora pasa con lo de “ir de cañas”, que no implica necesariamente que la gente beba cervezas.

Se bebía solo o con soda, una bebida carbonatada pero no azucarada, distinta de la gaseosa, que se servía con sifón. Luego, más adelante, acompañado por un cubito de hielo. Los cubitos, antes, eran difíciles de encontrar; hasta mediados del siglo pasado, muchos bares usaban barras de hielo que se alojaban en las neveras (que no frigoríficos) para enfriar lo que contuvieran.

Ahora, el vermú parece vivir una nueva época de esplendor en España. Surgen empresas que lo elaboran, vuelve a llevarse eso de ir a beberlo una tasca como las de antaño, de las que tienen barra de madera donde el camarero hace las cuentas. O de esas otras metálicas, de aluminio, más modernas pero casi con la misma solera. Y por supuesto se bebe de mil formas: con rodaja de naranja, con aceituna dentro, con un chorreón de ginebra…

Todo un mundo dentro de otro aún mayor, que es el del vino. Una tentación a la que es fácil sucumbir, apriete o no el calor. Los más osados hasta se atreven a hacerlo en casa, dicen que no es difícil. Si alguien quiere probar y contárnoslo, se lo agradeceremos. Si usan como base el Spira o el Marqués de Casa-Pardiñas, mejor que mejor. Mucho gusto.

 

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>