Mucho gusto
Granada, tierra de buen vino
Viñedos de las bodegas Marqués de Casa-Pardiñas, en Huélago (Granada)

Granada, tierra de buen vino

En Granada se ha hecho vino desde tiempos inmemoriales. De hecho, existen documentos que demuestran que en la época de los romanos ya se cultivaban las vides, y que esa práctica ni siquiera desapareció en los siglos de la dominación musulmana. Sin embargo, ni fuera de la provincia ni, lo que es peor, dentro de ella, se tiene la percepción general de que el vino granadino es de auténtica calidad. Y eso es un problema.

Probablemente han sido varios los factores que han influido en ello. Durante mucho tiempo se ha asociado a Granada con el vino a granel, con la elaboración casera siguiendo métodos y técnicas muy rudimentarias, con la venta en garrafas que en muchos casos ni siquiera son de vidrio sino de plástico. Con todos estos ingredientes, no debe extrañar que no pocas personas sacaran la impresión de que aquí habría muchos viñedos y buen material pero, a la hora de hacer vino, la cosa fallaba.

Nada que reprochar a la fabricación artesanal, vaya por delante. Todo aquel que ha mimado su viñedo como si fuera un hijo y ha convertido la fruta en vino con su mejor intención, tiene el legítimo derecho de pensar que el suyo es el mejor del mundo. Pero una cosa es eso y otra querer disponer únicamente de esas armas para tener opciones en un mercado con tantos competidores. Si se quiere jugar en esa liga, hay que ser más ambicioso.

Supieron verlo varios bodegueros hace aproximadamente dos décadas y aquello fue el germen de un movimiento tendente a presentar el vino de Granada como algo muy valioso. Se mejoraron las técnicas de vinificación, se le sacó mejor partido a cuestiones fundamentales como la tierra, la climatología o la elección de uvas y comenzaron a cuidarse detalles nada secundarios como el diseño. El vino entra primero por los ojos y había cada etiqueta que echaba para atrás.

La primera década del presente siglo podría calificarse como la de la explosión del vino de Granada y la segunda, en la que estamos, como la de su consolidación, si bien es cierto que la crisis, ahora, está empezando a establecer una dolorosa selección natural y no parece claro que las más de cincuenta bodegas que funcionan en la provincia tengan el futuro asegurado.

En paralelo, el sector vinícola, no siempre bien avenido, como por lo demás ocurre con casi todos los sectores, se ha empezado a organizar. El paso más importante ha sido probablemente la constitución de la Denominación de Origen Protegida Vinos de Calidad de Granada, que perderá la coletilla de ‘protegida’ en cuestión de pocos años y se convertirá en una oferta más en el amplio abanico de posibilidades que ofrece el mercado español.

Las ventajas de la Denominación de Origen (D.O.) son obvias. Para el entendido en la materia posiblemente no, pero para el consumidor en general, es un indicativo de que el vino tiene un mínimo de calidad garantizado. Por decirlo de otra forma: si en una misma estantería ve un vino sin D.O. y otro con ese sello, es muy probable que su instinto le lleve a decantarse por el segundo. Y más aún si, como suele suceder, encima es más barato.

Se han hecho muchas cosas bien, eso es seguro. Por poner un ejemplo, se ha actuado con amplitud de miras a la hora de autorizar las uvas que pueden trabajar las 22 bodegas acogidas a la denominación, respetando las propias (vijiriega) y las cercanas (romé), pero abriendo el campo a otras muchas, un abanico que engloba a las conocidas syrah, cabernet sauvignon o tempranillo, pero también a las menos comunes pinot noir, monastrell o petit verdot.

La criatura ha nacido y ha dado sus primeros pasos, por así decirlo. Pero queda camino por recorrer. Y no sólo por parte de los bodegueros, sino también por el de los demás gremios implicados. Todavía hay muchos bares donde pides un vino y te hacen la típica pregunta: “¿Rioja o Ribera?”. Granada es destino de muchísimos turistas que llegan de otros puntos de España y sería magnífico que pudieran irse sabiendo que aquí hay vinos que no tienen nada que envidiar a los de otros lugares más afamados. Y a los propios granadinos se les debería dar la oportunidad de conocer y apreciar lo mucho y bueno que tiene a su disposición, porque además eso permitirá que después transmitan la buena nueva.

Hay más asignaturas pendientes. El precio, por citar una. Es cierto que algunas bodegas tienen producciones muy limitadas, pero también lo es que disuade, y bastante, que un vino poco o nada conocido cueste lo mismo que otro de relumbrón nacional.

Como se suele decir, todos estamos en el mismo barco. Todos debemos remar en la misma dirección. Los personalismos, el que cada uno haga la guerra por su cuenta, obstaculizan un objetivo que debe ser común. En Granada se elaboran vinos que han demostrado en los mejores foros que están a la altura de los mejores, y sin falsa modestia Spira puede alardear de ser uno de ellos. Pero hay que interiorizar que cuanto mejor le vaya al colectivo, mejor le irá a cada uno de sus miembros. Puede que el tren sólo pase una vez, así que sería una lástima perderlo.

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8 pensamientos sobre “Granada, tierra de buen vino

  1. Encarni

    En general, por el sur no estamos acostumbrados a tomar vinos (particularmente tintos) autóctonos porque no creemos que tengan la calidad suficiente o, en la mayoría de casos, porque ni siquiera sabemos que existen. El “vino del terreno”, en cambio, sí es habitual: el caldo en garrafas sin etiqueta, a granel, para refrescar en la bota y acompañar aperitivos; pero eso es harina de otro costal.

    En cuanto a la clásica oferta de Ribera-Rioja cuando vas de tapas, tenéis toda la razón: es hora de cambiarla. Porque, o empezamos a arreglar la casa desde dentro, o nos comen por los pies desde fuera. Quien nos visita seguro que tiene ganas de probar algo distinto: aprovechémoslo.

    1. Spira Autor del artículo

      Nos alegra mucho que comparta nuestra opinión. Hay muchas cosas que cambiar y en Spira haremos lo que esté en nuestra mano por conseguirlo. Muchas gracias.

  2. Tinín Rodríguez

    Excelente y didáctica entrada en el blog.
    Cierto que es un clásico en los bares el tandem rioja-ribera, pero también, para los exigentes o los que simplemente queremos probar nuevos caldos, nos toca las narices ese binomio casi dictatorial y exijamos en los bares que haya una oferta de vinos con más amplitud geográfica.
    Seguiremos al tanto de más entradas.

    1. Spira Autor del artículo

      Muchas gracias. En efecto, convendría que en los bares se concienciaran de que, en cuestión de vinos, España va bastante más allá del tándem al que hace referencia. Mientras eso sucede, este blog pretende humildemente divulgar que en Granada hay vinos excelentes, y desde luego que Spira está entre ellos. Para quienes no lo puedan disfrutar en bares y tiendas, que sepan que pueden adquirirlo en nuestra web: http://www.spiracp.es

  3. Lupita Sánchez

    Nunca he podido entender cómo hay restaurantes y bares en Granada que no incluyan en su carta de vinos una amplia selección de caldos granadinos… El desconocimiento no es sólo del consumidor, como bien dice en su entrada, sino también de los profesionales de hostelería. Me parece incomprensible esa falta de conexión entre los sectores de la hostelería y del vino, cuando deberían ser precisamente los bares y restaurantes de la provincia los que den a conocer nuestras buenas bodegas.

    1. Spira Autor del artículo

      Su razonamiento es de una lógica aplastante. Ahora sólo hace falta que los profesionales de la hostelería lo compartan y todos saldremos ganando. Muchas gracias.

  4. Toni

    No sé si es desconocimiento del consumidor que no pediría un vino, en este caso, granadino o un monopolio de los tintos “tradicionales”. Será que tienen mejores distribuidores y comerciales. Ni idea. Pero es verdad que hay productos de calidad que hay más probabilidades de encontarte en la otra punta de España (o en el extranjero) que en la tasca de enfrente de los mismos viñedos. La promoción es clave, me imagino. Blogs como el suyo pueden hacer cambiar un poquito las cosas.

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