Mucho gusto
El tinto y el verano
El blog de Spira, vino de calidad de Granada, aporta soluciones para poder seguir consumiendo vino tinto pese a los rigores veraniegos.

El tinto y el verano

Llegan los calores y la gente abandona el tinto y se pasa descaradamente a la cerveza. Si acaso le sigue dando de vez en cuando al blanco, pero el tinto, según su criterio, es incompatible con la canícula. En este blog de Spira, vino de calidad de Granada, nos preguntamos por qué y llegamos a la conclusión de que cada uno puede tener su criterio, pero que el nuestro está claro: no existe tal incompatibilidad y es perfectamente posible seguir bebiéndolo, siempre que se adopten una serie de pautas. Vamos a ellas.

Desde luego, el tinto y el verano son y serán enemigos irreconciliables mientras el líquido lo sigan dispensando restauradores o particulares que tienen alojada en la cabeza la absurda idea de que el vino hay que servirlo a temperatura ambiente. Esa teoría, que se ha extendido más de la cuenta, nace de una costumbre pero la desvirtúa, la deja sin sentido. Entre otras cosas, lo de servir a temperatura ambiente viene de cuando las casas (que no los pisos) de determinadas regiones de España se construían con unos muros bastante gruesos que las aislaban del exterior, de forma que dentro, incluso en verano, se podía estar casi todo el tiempo a 17-18 grados.

Eran condiciones especiales que, hoy en día, es imposible generalizar. De hecho, es bastante probable que en el interior de un piso moderno de una ciudad andaluza, a cuya fachada le lleve dando el sol toda la tarde, el termómetro se haya disparado hasta los 30 grados. Y a esa temperatura, el vino tinto se convierte en un mejunje difícil de ingerir y al que no se le podrán apreciar ni aromas, ni sabores, ni nada.

Con ser eso grave, más aún lo es que en ciertos bares también se apliquen esa equivocada receta y tengan en pleno verano los tintos expuestos en las estanterías sin ningún tipo de refrigeración, con lo cual no se aconseja en absoluto pedirse una copita al mediodía. Pero, ¿y si el aficionado ve en ese momento que, entre las botellas expuestas, hay una de un vino despampanante que está deseando probar? ¿De un Spira, sin ir más lejos? Pues puede recurrir a este truco, que brindamos desde aquí en bandeja para quien lo quiera utilizar: se le pide al buen señor (o señora) una copa de vino vacía con un cubito de hielo. Se remueve éste en el interior para que toda la copa se enfríe y, una vez conseguido eso, se tira el hielo, se escurre el agua si la hay y se sirve el vino.

Para esa primera consumición, al menos, se conseguirá que el vino esté tolerable. Acto seguido hay que pedirle a quien esté al otro lado de la barra que meta la botella en una cubitera para que se enfríe a tiempo para la siguiente ronda (otro truco, ya que estamos: con sal, el hielo enfría antes) o que le dé lo que llaman un golpe de frío, que la mantenga en el frigorífico un rato. Y de paso, como quien no quiere la cosa, puede deslizarle la noticia de que existen unas neveritas muy prácticas que mantienen las bebidas a temperatura constante.

Eso del golpe de frío, de la cubitera y del hielo salvador también son cosas que pueden servir para consumir en casa. Aunque con el frigorífico tampoco hay que pasarse. Si bien es cierto que en verano es hasta cierto punto recomendable guardar el vino más fresco que de costumbre (para servirlo a 12-13 grados), con idea de que se temple conforme lo vayamos bebiendo, debemos tener en cuenta que, a diferencia del blanco, el tinto pierde muchísimas cualidades si se toma demasiado frío; sabe fatal, por abreviar la explicación.

Una vez, hablando de algo parecido en este mismo blog, alguien sugirió en un comentario que una posible solución sería beber el tinto con hielo. Creo que la respuesta fue algo así como que los puristas seguramente arrugarían la nariz ante la mera insinuación de tal cosa, pero que cada cual hiciera lo que le viniera en gana. El problema de eso, aunque se trata sólo de una opinión, es que el hielo termina por derretirse y el vino aguado pierde mucho. Como hay gente para todo, resulta que existen personas a las que les gusta así. Nuestros amigos de la vinoteca El Descorche, en Torrox, nos comentaron hace poco que no pocos clientes (extranjeros, en su mayoría) piden precisamente eso: vino con agua. Ahora sí, ahora los puristas seguro que se estarán retorciendo de puro dolor.

Un dolor que no sabemos si se le pasará ante esta otra salida, válida sólo en casa: utilizar para enfriar el tinto unos hielos que vienen envueltos en bolitas de plástico u otras soluciones similares. Sirven para un apuro, llegado el caso, aunque es inevitable que al cabo de un rato todo sepa a plástico, momento en el cual debe tenerse claro que las bolitas ya han cumplido su función y deben retirarse a sus cuarteles de invierno, nunca mejor dicho.

Y luego está lo del tinto de verano, claro. Ya sea con gaseosa o con refresco. Pero ésa es otra historia.

Fotografía: www.compfight.com

 

 

 

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2 pensamientos sobre “El tinto y el verano

  1. Toni

    Oye, y esos hielitos que son de plástico que enfrían pero no sueltan agua, como que a lo mejor también son una buena solución. Tampoco sé si un tinto de verano con Spira sería un supersacrilegio, pero el otro día en la presentación de tu libro, en La Botillería me pusieron uno de escándalo, el mejor que he bebido nunca (aunque tampoco es que me prodigue mucho), sobre todo comparado con el que me tomé en el primer bar. Y ahora me pregunto si todos los vinos son buenos para el tinto de verano y si los buenos vinos no se mezclan ni de locos con gaseosa o con limón.

    1. Spira Autor del artículo

      Creo que me referí a esos hielitos al final de la entrada, o si no a algo muy parecido. En mi opinión, el defecto que tienen es que al cabo de un rato todo te sabe a plástico. En cuanto a lo de qué vino mezclar con gaseosa o refresco, eso depende del grado de purismo. Recuerdo que una vez me escandalicé viendo cómo un amigo austriaco utilizaba para eso un gran reserva excelente. «Está más bueno así», me dijo. Pues claro, nos ha fastidiado. En eso, como en todo, lo suyo es hacer las cosas a gusto y olvidarse de resabios y apriorismos. El que quiera mezclar, que mezcle. Con lo que sea. Gracias por su colaboración, una vez más.

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