Mucho gusto
De verano, ¿verdad?

De verano, ¿verdad?

No se sabe si el calor ya ha llegado para quedarse o si nos dará un respiro próximamente, pero lo que está claro es que, en los últimos días, ha apretado de lo lindo. Eso propicia que desde Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, nos planteemos (y les planteemos) la siguiente cuestión: ¿por qué cuando pides un tinto en una barra, el/la que está detrás entiende casi por sistema que lo que se pide es un tinto de verano?

Casi todos lo preguntan en vez de servirlo del tirón, menos mal. Para curarse en salud o para lo que sea, pero lo preguntan: “un tinto de verano, ¿verdad?”, te dicen. Y entonces es cuando tienes que aclararle que no, que quieres una copa de tinto, y también es cuando te ves tentado a añadirle a ese buen hombre (o buena mujer) que no está ante un extraterrestre. Porque muchos te miran como si lo fueras.

En una anterior entrada ya reconocimos sin ambages que, en los meses de canícula, la cerveza es sin discusión la reina de los bares. También contamos que, los que se mantienen fieles al fruto de la uva pese a los rigores del verano, se decantan sobre todo por el blanco y por el rosado. Y concluimos que eso era así, entre otros motivos, porque un buen número de establecimientos sigue empeñado en aplicar a rajatabla una desfasada teoría, según la cual el tinto hay que servirlo siempre a temperatura ambiente. Y a cuarenta grados a la sombra, coincidiremos todos, el tinto no es una bebida agradable. Podría servir como purgante, eso sí.

Evidentemente, los que gustamos del vino tinto durante todo el año sabemos (o intuimos) en qué sitios es mejor abstenerse. Cuando lo pedimos es, normalmente, porque estamos viendo que en ese local hay una atmósfera agradable, que tiene esas neveritas que conservan a temperatura constante… En fin, ese tipo de detalles.

Pero ni por esas: pides un tinto y dan por hecho que lo quieres de verano. “¿Con limón o con gaseosa?” es otra pregunta recurrente en esos casos.

Es lo que tiene la publicidad, que contra ella no hay quien pueda.

Lo de mezclar tinto con bebidas carbonatadas no es nada nuevo, es una práctica muy antigua que se utiliza para degustar un producto más fresquito. Sobre todo si, como es también costumbre, se le agrega hielo. Además, al añadir gaseosa o refresco, se rebaja el nivel alcohólico de la bebida que se está ingiriendo. La embriaguez tarda más en llegar.

En España, el vino se ha mezclado con soda, con sifón (también llamado agua de seltz) y, desde mediados del siglo XX, con gaseosa. En un momento dado, la que probablemente es la marca más famosa del país decidió asociar ese combinado con los meses de más calor y de ahí surgió la expresión ‘tinto de verano’. Que por otra parte, y aun a riesgo de mezclar lo que no se debe, poco o nada tiene que ver con otra bebida propia de la estación, la sangría.

La citada expresión cuajó, aunque en lugares como Córdoba, curiosamente, nunca se ha impuesto. Allí, al que pida tinto de verano o tinto con gaseosa lo mirarán probablemente de arriba abajo y le dirán: “Usted lo que quiere es un Vargas”. ¿Que por qué se le llama así en ese sitio? Pues algunos dicen que que es una deformación de Valdepeñas con gaseosa, otros que hubo una marca de vino de mesa muy popular llamada Vargas y un tercer grupo opina que ninguna de las dos teorías es válida y que esa curiosa denominación proviene de una venta del mismo nombre en el que tal bebida era muy consumida.

Luego llegó lo de mezclar el tinto con refresco de limón (y, en menor medida, de naranja), algo que no le viene tan bien a la línea porque, por si no lo saben, los refrescos tienen una importante cantidad de azúcar: aproximadamente el equivalente a ocho cucharadas por cada lata de 33 centilitros.

Y por supuesto, también hay muchos partidarios de acompañarlo con cola, esa mezcla que llaman calimocho (o kalimotxo, que de las dos formas lo hemos leído) y que algunos, en tono jocoso, definen como “el cubata de los pobres”. Es curioso cómo cambian los tiempos: antes daban ese simpático nombre al brandy con cola.

En cualquier caso, volvemos a lo primero y lo hacemos para dar un humilde consejo: para evitar explicaciones y demás, lo mejor es que en estos meses, cuando vayan a la barra y pidan un tinto, especifiquen que lo que desean es “una copa de tinto”. Entonces, seguramente, le preguntarán si prefieren “un Riojita o un Riberita“. Pero esa es otra historia.

Fotografía: www.pinterest.com

 

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