Mucho gusto
¿Cuánto cuesta un vino con tapa?

¿Cuánto cuesta un vino con tapa?

Hace sólo unas semanas, en este Mucho gusto, el blog de Spira, vino de calidad de Granada, hablamos de la costumbre de algunos restaurantes de fijar un precio excesivo a las botellas de sus cartas. Por cierto, y antes de que pasemos al tema que hoy nos ocupa: dijimos también que había quien sí hacía bien las cosas y acabamos de conocer un ejemplo de esto último: nuestros amigos y clientes de Puro Pescaíto, un muy recomendable bar en pleno centro de Málaga, ofrecen la botella de Spira al atractivo precio de 15 euros. Bravo.

Pero a lo que íbamos: en Granada, provincia donde se ubican las Bodegas del Marqués de Casa-Pardiñas, los bares (y también las tabernas, tascas y mesones, que de todo ello también hablamos recientemente) tienen la sana norma de servir una tapa junto a la consumición. Disertar sobre las tapas requeriría un artículo, y bien amplio, pero baste con decir que el muestrario es casi infinito.

Sabemos que, en la barra, la bebida por excelencia es la cerveza. Pero por suerte para los que preferimos el vino, aquí no faltan sitios donde trabajen bien el género. Por citar sólo algunos locales que destacan en ese campo, nombraremos estos: La Tana, La Botillería, Antonio Pérez, La Brujidera, Ajoblanco, Tasca El Conde, Jaráiz, 17 Grados, Asador de Castilla, La Bodeguita de al lado, Pacurri o El Garnatí. La verdad es que es una suerte tener tantos buenos sitios al alcance de la mano.

¿Cuánto cuesta en esos sitios un vino con tapa? Pues, según tenemos comprobado de forma empírica, el precio oscila entre los 2,50 y los 3,50 euros. Eso, para los que podrían considerarse de gama media o media-alta, entre ellos el Spira. Si el cliente opta por uno de categoría superior, la cosa puede irse hasta los cinco euros.

Siguiendo con las preguntas: ¿es eso caro? Hay quienes opinan que sí y no dudan en airearlo a los cuatro vientos, preferentemente desde plataformas digitales. Foros de páginas de internet se inundan de comentarios despectivos hacia quienes tienen, en su opinión, la indecencia de cobrar esa barbaridad por un simple vino y una simple tapa.

Aquí es donde surgen los matices. Desde luego, cobrar 3,50 euros por un simple vino (de entre los dos que te ha dado a elegir el camarero: un Rioja o un Ribera, que la marca para el caso ni les importa) que encima ni se sabe cuánto tiempo lleva abierto y que arrojan de cualquier manera y a la temperatura que les venga en gana sobre una copa singularmente gruesa y de diseño vulgar, eso es algo que no tiene perdón. Eso es caro, desde cualquier punto de vista. Objetivamente caro.

En cambio, ese mismo precio es perfectamente aceptable si a cambio el cliente recibe un ramillete de denominaciones de origen entre las que elegir, si la botella está recién abierta o convenientemente tapada para evitar en la medida de lo posible la oxidación, si procede de una nevera donde se ha guardado a una temperatura constante y adecuada, si se sirve en una copa fina de cristal liso y transparente, con un tallo suficientemente largo que valga como punto de sujeción.

Los que critican con tanta ligereza deberían examinar una serie de factores antes de lanzarse a despotricar contra todos, a saco y sin hacer distinciones. Recordar, por ejemplo, que el vino es un producto que se conserva bastante peor que la cerveza y que los que saben tratar con él (los bares, tabernas y tascas antes mencionados, por ejemplo) se ven obligados a desechar botellas a medio consumir porque ya no son aptas.

Asimismo, las cavas donde conservan los vinos a la temperatura adecuada no son gratis, ni tampoco su mantenimiento. Ya, el grifo de cerveza también cuesta, pero es que ese es un gasto común a todos los bares. Que levante la mano quien haya ido a un sitio especializado en vinos que no disponga de uno o más grifos de cerveza. Nadie, ¿verdad?

Tampoco regalan las copas ad-hoc, las que tienen el cuerpo en forma de tulipán para facilitar la evaporación de las sustancias volátiles. De hecho, si hablamos de material fino y bueno de verdad, cada una puede costar tres euros. Y, como sabemos, no son irrompibles.

Puestos a dar detalles: en algunos lugares son tan atentos que tienen la deferencia de darle al cliente a probar el vino, para saber si es de su agrado o le ha encontrado algún defecto. Si ocurre eso último, ese vino se pierde, es un gasto añadido que no repercute en el consumidor, sino que lo soporta el vendedor en solitario. Nadie da a probar una caña.

Dicho todo lo anterior, queda por analizar lo de la tapa. Esas mismas voces críticas se quejan de que son escasas y no tienen en cuenta que a veces es necesario ir más allá de la cantidad y fijarse en la calidad. El mejor bocado no tiene por qué ser el más grande. Si se trata de almorzar con dos tapas, sea: hay cientos de sitios para eso. Bares donde sirven como acompañamiento de la bebida una hamburguesa de grandes proporciones, bien rociada de ketchup y mostaza y rodeada de patatas aceitosas. El beneficiario de ese supuesto manjar, nada más hincarle el diente, empieza a albergar la sospecha de que al día siguiente va a tener el estómago por lo menos regular.

Para gustos están los colores y habrá que respetarlos todos. Pero los buenos restauradores han de hacerse valer y valorar lo que tienen. La calidad tiene un precio y aunque nos consta que hay quienes se exceden, gente que se sube a la parra y cobra cuatro euros por una mediocridad, tenemos claro que no conviene generalizar, ni mucho menos echar por tierra el trabajo de los que sí cuidan las cosas. Hablar es gratis, como se suele decir. Difamar, también. Pero eso último hace mucho daño.

Fotografía: de la web www.bodegasmezquita.com

 

 

 

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2 pensamientos sobre “¿Cuánto cuesta un vino con tapa?

  1. Toni

    Pues sí, estoy contigo en que de la calidad y el servicio depende valorar las cosas en su justa medida. Y como bien indicas, a veces lo barato sale bien caro, en este caso para la salud. Comparando además con la típica caña con tapa, los precios me parecen muy parecidos. Desde luego, habrá que asomarse a los sitios que mencionas, brindar, beber y comer, y luego pedir otra. :-)

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