Mucho gusto
Córdoba y Spira hacen buena pareja
Vista parcial de la catedral-mezquita de Córdoba desde el río Guadalquivir.

Córdoba y Spira hacen buena pareja

Córdoba tiene un embrujo que desarma y cautiva. Es un lugar que fascina al visitante de tal manera que, nada más dejarla, ya está buscando un argumento para regresar, para poder recrearse de nuevo en su hipnótica belleza. Córdoba tiene magia.

La ciudad de los califas ha sido la segunda escala en el viaje que Spira emprendió recientemente con idea de dar a conocer nuestro vino en sitios donde sepan apreciarlo de verdad. Se trata, de alguna forma, de llevar la calidad de Granada a sitios donde hasta ahora no había tenido una vía de entrada adecuada, pese a su cercanía. Y, al igual que sucedió recientemente con la Axarquía, Spira ha tenido en Córdoba una cálida acogida. Nos hemos sentido en casa.

Nadie que esté en el mundo del vino desconoce la importancia del distribuidor, que será clave para que el producto, una vez introducido, mantenga una presencia y se asegure una continuidad en el nuevo destino. Elegir al adecuado no es fácil pero Spira ha tenido suerte. Jesús Franco y José María Montero crearon hace algo más de una década la empresa Terruño. Les llamaban “los locos de los vinos raros” porque no quisieron limitarse al tópico binomio Rioja-Ribera y prefirieron el reto de abrirse a otros horizontes. Les funcionó la idea y ahora, gracias a esa bendita constancia, su almacén es una alegría donde conviven caldos del Bierzo, de Valencia, de Ronda y hasta de Formentera. Es un placer tener compañeros tan ilustres y profesionales tan competentes.

Cumplida esta imprescindible tarea, el siguiente paso era presentar el vino en sociedad. Córdoba tiene una oferta gastronómica amplísima, así que tocaba ser selectivos, buscar aquellos sitios donde mimen el vino, donde no tengan la desagradable costumbre, tan extendida por desgracia, de servirlo de cualquier manera.

Lo cuidan, según pudimos comprobar, en Matalauva, una elegante taberna ubicada en un enclave privilegiado, en la avenida del Gran Capitán, que tiene una bodega con inquietudes y una cocina que mezcla la tradición con la modernidad. Su tortilla de patatas invita a volver. Su calidez y el buen trato desde la barra, también.

El vino es asimismo protagonista en El Barón, un bar cercano a la mezquita y al río cuya terraza reina en las noches de verano. Blancos y tintos de varias denominaciones de origen españolas y tapas y raciones frías pero muy apetitosas. Dos recomendaciones: la empanada de bacalao y los taquitos de jamón.

En un plano más tradicional se sitúan la Taberna de La Montillana y la Taberna del Río, que comparten dueños. La primera está junto a la Plaza de las Tendillas, la zona más dinámica y comercial de la ciudad, y la segunda, como su nombre sugiere, a orillas del Guadalquivir. Sus propietarios son unos apasionados de lo que se hace en la provincia (poseen medio centenar de referencias, fundamentalmente de Montilla) y, por extensión, de los del resto de Andalucía. Su apuesta por el vino se verá reflejada muy pronto en una carta que están elaborando y que tendrá nombres de auténtica categoría.

En sus paredes no faltan los motivos taurinos, cosa que también ocurre en otros tres locales interesantes: A porta gayola (buenas gambas, buena carne mechada) y La Bodega (estupendo rabo de toro), ambos en pleno centro comercial, y La Sacristía, en el precioso barrio de Santa Marina. Un paseo por esa parte de Córdoba es una experiencia única que ganará enteros adentrándose después en el barrio de San Andrés, también llamado del Realejo, y que tendrá su mejor colofón parándose a reponer fuerzas en cualquiera de los muchísimos restaurantes cercanos a la catedral.

Los mas afamados son sin duda El Churrasco, El Caballo Rojo y Bodegas Campos, este último ya casi lindando con el río. Los tres son apuestas seguras, pero también es muy fácil acertar si la elección es La Fragua o si el comensal se decanta por La Cuchara de San Lorenzo, uno de los lugares de mesa y mantel que mejor tratan el vino.

El paseo no sería completo sin una parada en Barbarroja, tienda céntrica y muy bien provista, y otra en La Vinoteca, completísimo establecimiento situado dentro del Mercado de la Victoria donde hay dos opciones: comprar el vino para llevárselo a casa o consumirlo allí mismo. La selección corre a cargo de Laura Romero, una enóloga que además de esmerarse en la elección de los caldos, hace un blog. Y como nobleza obliga, hay que citarlo. Se llama La mujer y el vino.

Los resúmenes son necesariamente incompletos y es seguro que hay muchas cosas que se nos quedan en el tintero, es algo que sabemos y lamentamos. De Córdoba y sus virtudes se podría escribir durante horas. De lo bien que se come y se bebe allí, también. Pero sin duda lo mejor que se puede hacer es ir y comprobarlo por uno mismo. En tan privilegiado lugar esta desde ahora Spira. Los cordobeses que lo han probado (y que lo nieguen a través de este blog si no es así), saben que es un vino que merece estar entre los mejores y deleitar a los consumidores más exigentes. Por eso estamos convencidos de que Córdoba y Spira harán buenas migas, porque se han visto y se han gustado. Hacen una pareja formidable, no hay más que verlos.

 

 

 

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