Mucho gusto
Brindemos
Brindis con vino tinto

Brindemos

Todos o casi todos brindamos hace sólo unos días, para celebrar la Nochebuena o la Navidad. Como todos o casi todos brindaremos dentro de nada, poco después de que entre un nuevo año. Y a lo largo del mismo, lo volveremos a hacer en un sinfín de ocasiones: en el reencuentro con unos amigos, en el cumpleaños de un hermano, en la boda de un familiar, a la memoria de un ser querido que se nos fue…

Brindar es, a estas alturas, una costumbre tan extendida que sabemos que se hace para homenajear a alguien o para celebrar algo, puede que simplemente el hecho de seguir vivos, y con eso nos basta. Pero detrás de ese gesto, como detrás de casi cualquier cosa, hay no pocas anécdotas e historias. Y este blog es un sitio tan bueno como otro para contarlas.

Al parecer, lo de brindar es una práctica que comenzó a utilizarse en la antigua Roma, allá por el siglo IV antes de Cristo, aunque otras fuentes sitúan el origen dos siglos antes y en Grecia. En esas épocas, por desgracia, no eran infrecuentes los envenenamientos, especialmente entre los poderosos. Así que, cuando éstos se juntaban y empezaban a beber vino, no podían tener la certeza de que la persona que tenían enfrente no les hubiera echado algo letal en su bebida. Pero se les ocurrió algo para comprobarlo: chocar fuertemente sus copas (por entonces eran de barro, no había peligro de que se rompieran) de forma que los líquidos se mezclaran. Así el envenenador también podía resultar envenenado y, ante la duda, mejor se abstenía. Podríamos deducir de esto que el vino salvó vidas, aunque sería una conclusíon un poco traída por los pelos.

Menos tétrica que la anterior, aunque probablemente también menos cierta, es la teoría de que las personas empezaron a brindar cuando, tras apreciar a fondo todo lo que les ofrecía el vino, cayeron en la cuenta de que satisfacía a todos sus sentidos excepto a uno: el del oído. Y que por eso convinieron en chocar las copas para que también gozaran de su sonido.

A lo largo de la historia, el hombre no sólo ha brindado para socializar. Los griegos solían practicar unos sacrificios llamados libaciones, que consistían en derramar vino para honrar a sus dioses y a sus muertos, a los que pedían a cambio conservar sus vidas durante muchos años.

Lo cual viene a coincidir con el origen etimológico de la palabra brindis, que procede del alemán bring dich, o “Yo te ofrezco”.  Fue lo que se pronunció en la fiesta de celebración de una victoria de Carlos V de Alemania (que era también Carlos I de España), tras la entrada de sus tropas en Roma, allá por 1527. Cinco siglos después, en esencia, ese sigue siendo el principal significado que tiene entrechocar las copas: ofrecer (o desear) felicidad o, más simple aún, salud para todos los presentes. Ésa es posiblemente la palabra que más se utiliza en un brindis: salud.

Brindamos con cualquier cosa, aunque hay una especie de código de etiqueta que lleva a reservar el vino espumoso (llámenle cava o champán, si lo prefieren) para las ocasiones solemnes. El sonido de una botella recién descorchada justo después de la campanadas del Año Nuevo es casi tan típico como el de las propias campanadas. Pero en los bares, casi con cualquier pretexto, se brinda a diario con tinto, blanco o cerveza.

Ahora bien: conviene saber que, en Hungría, eso último no sólo no se estila nada sino que hasta sienta mal. Allí aún se recuerda que, en el siglo XIX, después de que los austriacos, que dominaban su país, sofocaran una revuelta independentista, lo celebraron a lo grande con cerveza y no faltaron los brindis. Si algún español despistado está haciendo turismo en el país magiar y se le ocurre chocar con otro su vaso de cerveza, posiblemente se llevará alguna mirada reprobatoria. Pero que no se enfade porque podría ser peor: hasta el año 1998, brindar con cerveza estaba prohibido.

Dos apuntes más sobre códigos y etiquetas. En España damos por sentado que hay que chocar los vasos al brindar, porque somos de natural expansivos, pero hay quienes aseguran que es más correcto (y más fino) no hacerlo y limitarse a hacer el gesto de acercar la copa a las de los otros comensales. Si optan por esto último, asegúrense antes de que ninguno vertió veneno en la suya. Nunca se sabe.

En cuanto a con qué líquido se brinda, no queda nada bien hacerlo con la copa vacía y es preferible que  haya algo con cierto contenido alcohólico. Si bien los niños pueden quedar excluidos de esta regla, a los adultos, aunque sean abstemios, el protocolo les aconseja al menos llevarse el vaso a la boca, aunque sea para mojarse los labios.

El tema da para más, hay historias para todos los gustos y también mucha documentación. Los buscadores de internet son una auténtica mina para los que gusten de este tipo de chascarrillos. Pero en Spira lo dejamos aquí. Esta es la última entrada de 2013 para este su blog y deseamos de todo corazón que brinden, que brinden mucho y por los motivos que les parezca. Sin ir más lejos, para que el año que está al caer venga lleno de cosas buenas. Que es un argumento recurrente, pero no por ello menos cierto. Si quieren brindar con nuestro vino, para nosotros el placer será doble. Salud.

Fotografía: extraída de la web www.laverdadyotrasmentiras.com

 

 

 

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2 pensamientos sobre “Brindemos

  1. Toni

    Interesante y entretenida entrada. Además, dicen que brindar con agua si otros brindan con alcohol da mala suerte. Parece que es porque: “El vino es fruto del esfuerzo de los hombres. El agua, sin embargo, se obtiene con facilidad. Si no bebes alcohol, no brindes con tus amigos, porque no eres partícipe del esfuerzo colectivo.” Pero algunos dicen también que chocar las copas da mala suerte… Lo del veneno creo que le da sentido a todo. ¡Feliz 2014!

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